Sala 1
Aldo Menéndez / Artists in Purgatory
- Fotografías: calles, sitios culturales cubanos, así como lugares clave de la cultura cubana en Miami y Nueva York. También imágenes de los artistas en vínculo con Jorge Reynardus y Aldo Menéndez.
Aldo Menéndez, figura centrífuga de la colección de Jorge Reynardus
Aldo Menéndez (Cienfuegos, 1948 – Miami, 2020)
Artista, crítico, así como promotor y gestor cultural incansable, Aldo Menéndez ocupa un lugar esencial en la historia del arte cubano. Su vida y obra reflejan la energía de una generación que experimentó, cuestionó y abrió caminos tanto en Cuba como en la diáspora.
Desde su natal Cienfuegos, Aldo se vinculó en su juventud a intelectuales y artistas como Samuel Feijóo y Mateo Torriente, iniciando un recorrido en la plástica que pronto lo llevó a estudiar en Viena y luego a inscribirse en 1965 en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán. Su formación estuvo marcada por la experimentación y la apertura a las corrientes internacionales, lo que luego caracterizaría toda su trayectoria. En 1968 comenzó a trabajar como diseñador gráfico en el Consejo Nacional de Cultura. Su labor gráfica, llena de fuerza visual e ingenio conceptual, situó su nombre entre los principales del llamado boom del cartel cubano de la Revolución, movimiento que alcanzó reconocimiento internacional.
Como parte de sus búsquedas artísticas, Aldo Menéndez exploró diferentes manifestaciones y lenguajes. Desde 1969 incursionó en los environments junto al arquitecto Fernando O’Reilly. Igualmente se destacó como dibujante: en 1971 formó parte de la muestra del Décimo Premio Internacional de Dibujo Joan Miró, en Barcelona, y obtuvo el Premio de Dibujo en el Salón Nacional de Jóvenes de La Habana. En 1972 realizó su primera exposición personal, y sus pinturas y dibujos fueron incorporadas ese mismo año a las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba. También exploró la instalación, el performance y fue uno de los pioneros del fotorrealismo en Cuba a mediados de los setenta, impulsando un lenguaje crítico que combinaba la rigurosidad técnica con la reflexión sobre la vida cotidiana y la realidad social cubana.
Sin embargo, la dimensión de Aldo Menéndez trasciende la creación artística pues también llevó a cabo una labor como periodista, y fundamentalmente como gran gestor y promotor de las artes visuales cubanas. Fundador de la revista Revolución y Cultura, que dirigió artísticamente durante casi una década, contribuyó a articular el pensamiento crítico sobre el arte y la cultura del país en esa época. Posteriormente asumió diversas responsabilidades institucionales: en 1981 fue nombrado director de Promoción del Fondo Cubano de Bienes Culturales y, más tarde, subdirector de Creación Artística de esa misma entidad. Fue además miembro del comité organizador de la primera Bienal de La Habana y ejerció como asesor del Museo Nacional de Bellas Artes y del Centro Wifredo Lam. Desde esas posiciones, impulsó proyectos innovadores y respaldó a una nueva generación de artistas.
El Taller de Serigrafía René Portocarrero, fundado por él en 1983, se convirtió en un espacio de experimentación y de intercambio con creadores de distintas latitudes. A través de este taller y de los encuentros internacionales que organizó, Menéndez se convirtió en una figura aglutinadora de la efervescente escena plástica cubana de los años ochenta, en la que surgieron nuevas voces y se consolidó una generación que marcaría la historia del arte en la Isla. Sus propios performances de la época —entre ellos La obra llega después que usted (1982), Ofrenda al espíritu de un nuevo taller (1983) y Mercedita la loca del barrio (1984)— dieron cuenta de su voluntad experimental y su capacidad para dialogar con el contexto social y cultural de manera crítica y audaz.
A lo largo de su trayectoria, Aldo Menéndez cultivó vínculos decisivos con artistas fundamentales de distintas latitudes y generaciones. En Cuba trabajó junto a Wifredo Lam y Roberto Matta, a quienes atendió personalmente en La Habana durante el Salón 70. También compartió escena con Shigeo Fukuda y Emilio Bedova en proyectos de arte público. Más tarde invitó a Mimmo Rotella a realizar décollages en el Taller René Portocarrero, mientras Osvaldo Guayasamín lo integraba a su proyecto “Viaje en canoa desde el Orinoco”. En Colombia, colaboró con el serígrafo Pedro Alcántara y entró en contacto con Ramírez Villamizar, Enrique Grau, Pablo Obelar y Rodolfo Abularach. Como gestor, convocó a Julio Le Parc, Antonio Amaral y Wilfredo Arcay al Primer Encuentro Internacional de Serígrafos (1984), y paralelamente, fue un referente y acompañante cercano de los jóvenes artistas cubanos de los años ochenta.
Tras dejar Cuba en 1990, Aldo Menéndez continuó su actividad en España y, desde 1995, en Estados Unidos. Su etapa en el exilio se distinguió por una sostenida labor artística y de gestión cultural: participó en exposiciones internacionales, fue curador de proyectos como Color de Cuba en la Expo de Sevilla de 1992, colaboró con instituciones como la Casa de América de Madrid, y publicó libros y monografías que documentan y analizan la creación cubana contemporánea. Como crítico de arte, escribió en medios como El Nuevo Herald, Art Nexus y Art Pulse, convirtiéndose en una voz autorizada para comprender el arte de la diáspora.
Precisamente desde la diáspora, Aldo Menéndez conoce y colabora con el publicista y coleccionista de arte cubano Jorge Reynardus. El vínculo entre ambos es esencial para entender este museo y la singularidad de nuestra colección, como testimonio de una generación de artistas cubanos de los ochenta que debieron reinventarse y recrear su mundo y lenguaje artístico desde las dificultades del exilio, principalmente entre España, Francia y los Estados Unidos.
Aldo Menéndez no sólo fue mentor en la conformación de la colección de Jorge Reynardus – MVAM, sino que, gracias a su capacidad de articulación, facilitó el acceso a artistas, obras y colaboradores que enriquecieron el alcance de la misma. Como manifiesto aglutinador de la colección de Jorge Reynardus, surgió un proyecto editorial que buscaba documentar la obra y sentido conjuntos de tales creadores: Artists in Purgatory (2017). En este libro, Aldo Menéndez participó como editor, coordinador, escritor y artista visual, estructurando el volumen en torno a una visión histórica que reconstruye, desde el archivo, la memoria y la experiencia personal de los autores, las dinámicas, tensiones y efervescencias artísticas cubanas de la década de 1980.
El Museo Aldo Menéndez – MVAM honra a un creador múltiple y comprometido con el arte, que produjo una obra testigo de su tiempo y que se dedicó a abrir espacios, propiciar encuen
tros y articular artistas dentro y fuera de la Isla. Se trata de uno de los primeros pasos de rehechura del arte y la creatividad cubanas como un fenómeno trasnacional, que supera geografías, diferencias político-ideológicas y duras experiencias de creación y vida. A esta generación de artistas cubanos de los ochenta y a Aldo Menéndez como figura centrífuga, les agradecemos el haber abierto caminos para el arte cubano en el mundo como una comunidad artística unida y una experiencia humana conjunta.
Artists in Purgatory: un libro para la colección Jorge Reynardus - MVAM
Artists in Purgatory: Cuban Artists in the Reynardus Collection es el título del libro publicado en 2015 gracias a la coordinación de Jorge Reynardus y Aldo Menéndez. La publicación surge del deseo de documentar y poner en diálogo una colección que reúne el trabajo de artistas cubanos que emigraron, fundamentalmente a inicio de los noventa, y que continuaron desarrollando su trabajo fuera de la isla.
El núcleo de la colección está conformado por creadores que participaron activamente en la escena plástica cubana de los años ochenta y noventa, con algunos nombres emblemáticos del arte cubano de los sesenta. La generación de los ochenta en la colección del MVAM está marcada por la experimentación, la práctica grupal y el pensamiento crítico ante toda forma de poder.
El espíritu cuestionador que caracterizó al arte cubano de los años ochenta enfrentó la censura, situación que se agravó hacia finales de los noventa. A ello se sumó la crisis económica que siguió al colapso de la URSS, circunstancias que motivaron, junto con el recrudecimiento de la represión intelectual y artística en la Isla, el exilio de la mayor parte de estos artistas.
Diversa en estilos, lenguajes y referentes, la colección del MVAM presentada en este libro reúne pintura y escultura unidas en torno a una “imaginación desplazada”, según las palabras de William Kennedy en el prefacio de esta publicación. La situación de los artistas cubanos emigrados puede leerse como una condición liminal, entendida como un espacio intermedio entre pertenecer y no pertenecer. Su arte se produce en el tránsito entre la memoria del país de origen y la difícil adaptación al país de acogida, revelando la ambigüedad de una identidad en movimiento y diaspórica. En este sentido, el “Purgatorio” al que alude el título no sólo remite al exilio, sino también a ese estado de suspensión y redefinición constante que caracteriza la experiencia migratoria de estos artistas. Crear desde ese “Purgatorio” les otorgó una libertad particular: desvinculados de las presiones del contexto político cubano y, a la vez, sin responder por completo a las lógicas del mercado internacional, muchos encontraron un espacio de experimentación autónomo, que se traduce en la gran variedad estética y conceptual que distingue el acervo reunido por Jorge Reynardus.
En la colección de Reynardus – MVAM, como bien puede leerse en las páginas de Artists in Purgatory, esta condición de creación artística libre, liminal, se manifiesta en distintos planos. En el geográfico y simbólico, como señala William Kennedy, pues son creadores que “abandonaron la isla de Cuba, pero no a Cuba”. Al mismo tiempo, el desplazamiento físico y el encuentro con nuevos contextos culturales transformaron y enriquecieron sus lenguajes y temáticas. Desde el punto de vista artístico, sus obras habitan un territorio híbrido, entre el arte nacional cubano y el arte internacional contemporáneo. Al dejar la Isla, muchos perdieron la red institucional que antes respaldaba su trabajo y debieron enfrentarse al gran desafío de insertarse en nuevos mercados, museos y circuitos expositivos.
A menudo quedaron en un vacío de representación: ni oficialmente parte del arte cubano ni plenamente reconocidos en los escenarios internacionales. Pese a ser figuras decisivas del arte contemporáneo cubano y mantener trayectorias consolidadas, con frecuencia estos artistas han sido excluidos de curadurías impulsadas desde su país de origen y no pueden aspirar a reconocimientos oficiales como el Premio Nacional de Artes Plásticas.
A ello se suma el reto humano, económico y profesional que implicó la migración: muchos se vieron obligados a asumir otros empleos, en ocasiones ajenos a la práctica artística, para poder subsistir, lo que redujo el tiempo y los recursos dedicados a la creación. En el plano afectivo y existencial, la nostalgia, el desarraigo y la memoria funcionan como batallas individuales y al mismo tiempo como motores creativos.
Esta complejidad es abordada desde distintas perspectivas en el conjunto de ensayos que reúne el volumen Artists in Purgatory. La publicación es un esfuerzo coral donde críticos, historiadores del arte y artistas —muchos de ellos también migrantes— reflexionan sobre esta diáspora artística cubana de los ochenta y su carácter único y singular. El libro incluye textos de figuras estrechamente vinculadas a esa diáspora, como Aldo Menéndez, Dennys Matos, Janet Batet y Nina Menocal, entre otros. Cada uno aporta un enfoque particular: desde la doble condición de artista y gestor cultural de Menéndez hasta la mirada crítica y a la vez humanizada de Batet, que enlaza su propia experiencia migratoria con la de los protagonistas del libro. En conjunto, los ensayos articulan un relato donde la historia del arte se entreteje con la memoria personal, la reflexión política y el testimonio humano.
El contexto que marcó a estos artistas se aborda aquí desde distintos escenarios geográficos —Cuba como punto de partida, y México, España y Estados Unidos como principales destinos de la diáspora—. Los textos no sólo ilustran las condiciones del exilio y sus repercusiones culturales, sino que también analizan los cambios estilísticos y temáticos que experimentaron los artistas al enfrentarse a nuevos entornos y lenguajes visuales.
Uno de los grandes méritos del libro es su capacidad para combinar historia, arte y memoria. Artists in Purgatory ofrece un registro documental y fotográfico de enorme valor: reúne imágenes de exposiciones, performances, encuentros entre artistas y obras pertenecientes a la colección Reynardus – MVAM, junto con catálogos, carteles y otros documentos que, dispersos hasta entonces, conforman gracias a esta publicación una parte esencial de la memoria visual del arte cubano contemporáneo. El resultado es una obra que humaniza el fenómeno migratorio mientras documenta un capítulo significativo del arte cubano reciente, resaltando la contribución de estos creadores a la cultura contemporánea más allá de las fronteras nacionales.
Tanto el libro como la colección abren un nuevo espacio de reflexión de particular actualidad: ¿cuál es el lugar de los artistas cubanos que han emigrado de manera sistemática y creciente a partir de los años ochenta, como parte de una ola migratoria sin precedentes en la historia de Cuba y buena parte del mundo?, ¿Cómo influyen esta condición diaspórica única en sus trayectorias y en la recepción de sus obras?
Artists in Purgatory y la colección Reynardus – MVAM nos invitan, en última instancia, a pensar el arte como un espacio de resistencia, memoria y diálogo con el origen, y a asumir la urgencia de construir una historiografía más inclusiva del arte cubano en la diáspora.